Resurrección y juicio

Uno de los grandes dones de Dios para todas las personas que nazcan en la tierra es la resurrección, la cual es posible gracias a la expiación de Jesucristo. Al tercer día después de Su crucifixión, Jesucristo fue la primera persona resucitada.  Su espíritu se reunió con Su cuerpo glorificado y perfeccionado, por lo que Él  ya no podía morir. 

Cuando los amigos de Jesucristo fueron a visitar Su tumba, encontraron ángeles en ese lugar que les dijeron: “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo” (Mateo 28:6) . 

La reunión del cuerpo y el espíritu se denomina resurrección, y todas las personas que nazcan en la tierra, sean éstas buenas o malas, recibirán el don de la inmortalidad ( 1 Corintios 15:22).

La vida eterna no es lo mismo que la inmortalidad.  La vida eterna es un don que Dios otorga a los que obedecen Su Evangelio.  Es el máximo estado que podemos alcanzar y lo reciben aquellos que son librados del pecado y del sufrimiento mediante la Expiación de Cristo.  Es la exaltación, o sea, vivir con Dios para siempre en calidad de familias eternas.  Es conocer a Dios y a Jesucristo y llevar el tipo de vida que Ellos disfrutan.

Al reunirse nuestro cuerpo con el espíritu mediante la resurrección, seremos llevados a la presencia de Dios para ser juzgados, teniendo un recuerdo perfecto de nuestra rectitud y de nuestra culpa.  Seremos recompensados de acuerdo con nuestras obras y nuestros deseos y, si nos hemos arrepentido, recibiremos misericordia.