Vivíamos con Dios

Nuestra vida no comenzó con el nacimiento ni tampoco terminará con la muerte.  Tenemos un cuerpo espiritual (al cual a veces se le denomina alma) y un cuerpo físico.  Nuestro Padre Celestial es el creador de nuestro espíritu y vivíamos con Él como espíritus antes de que recibiéramos nuestro cuerpo físico y naciéramos en la tierra.  A ese período se le llama vida preterrenal o vida premortal.

En la vida preterrenal, se nos enseñaron los principios y mandamientos que nos conducirían a la felicidad, con la libertad de escoger entre crecer en inteligencia y amor por la verdad o lo contrario.  En la vida preterrenal, Jesucristo, conocido en aquel entonces como Jehová, fue elegido como el Salvador y aprendimos que, mediante Él, podríamos vencer los efectos de nuestras decisiones erróneas.

El objetivo de Dios, Su obra y Su gloria, es llevar a cabo la inmortalidad (la resurrección) y la vida eterna (el vivir con Dios) de Sus hijos.  Él desea que cada uno de Sus hijos encuentre paz en esta vida y plenitud de gozo en Su presencia después de ella.  Nuestro Padre Celestial sabía que solamente podíamos progresar hasta un punto determinado sin la experiencia de la mortalidad.  A fin de parecernos más a Él, necesitábamos lo siguiente:

  • Recibir un cuerpo físico.

Por lo tanto, Dios nuestro Padre es el creador de nuestro espíritu y hemos sido creados físicamente a semejanza de Él.

  • Obtener experiencia al vencer las tribulaciones y las tentaciones.
  • Aprender a andar por fe.
  • Aprender a escoger entre el bien y el mal.

Así fue que nuestro Padre Celestial instituyó Su plan para ayudarnos a alcanzar nuestro potencial divino.