Arrepentimiento

La fe en Jesucristo le lleva a desear mejorar su vida. Al estudiar el Evangelio, usted reconocerá que ha pecado o que se ha comportado en contra de la voluntad y las enseñanzas de Dios. Por medio del arrepentimiento, el segundo principio del Evangelio, se cambian los pensamientos, los deseos, los hábitos y las acciones que no estén en armonía con las enseñanzas de Dios. Él promete que le perdonará sus pecados cuando se arrepienta.

Para arrepentirse, debe:

  • Reconocer que ha pecado y sentir pesar sincero por lo que ha hecho.
  • Dejar el pecado y esmerarse por nunca volver a pecar.
  • Confesar sus pecados al Señor y pedir perdón. Si su pecado ha sido en contra de alguien, debe pedirle perdón a esa persona.
  • Restituir. Debe hacer todo lo que esté a su alcance para corregir cualquier problema que su acción haya ocasionado.
  • Obedecer los mandamientos. La obediencia a los mandamientos le brinda el poder del Evangelio y le da fortaleza para abandonar los pecados. El guardar los mandamientos incluye prestar servicio, perdonar a los demás y asistir a las reuniones de la Iglesia.
  • Reconocer al Salvador. La parte más importante del arrepentimiento es reconocer que el perdón viene por medio de Jesucristo. El Salvador sufrió por sus pecados para que usted pueda dejarlos en el pasado, incluso los graves pecados.

Nutrir un espíritu de perdón en su hogar le ayudará a hallar paz, consuelo y dicha. Cuando un cónyuge u otro integrante de la familia hiera sus sentimientos, procure no guardar rencor. Recordar el error cada vez que usted se impaciente o moleste con ellos puede ser muy dañino para su matrimonio y familia. Todos se equivocan y cada uno de nosotros necesita el perdón. Jesucristo enseñó que si deseamos que se nos perdonen nuestros errores, debemos perdonar a los demás ( Mateo 18:21–35).

Aun después de aceptar a Cristo y arrepentirse de sus pecados, puede que se equivoque y vuelva a pecar. Debe intentar corregir esas transgresiones de manera continua. Además, debe esmerarse constantemente por desarrollar atributos cristianos, aumentar en conocimiento y servir con mayor eficacia. A medida que aprenda acerca de lo que el Salvador espera de usted, sentirá el deseo de demostrar su amor mediante la obediencia. Es así que, al arrepentirse todos los días, descubrirá que su vida cambiará y mejorará.

El arrepentimiento exige cambios. Requiere un mayor compromiso de vivir conforme a la voluntad de Dios. A medida que cambie, reconocerá que es un hijo de Dios y que no tiene la necesidad de seguir repitiendo los mismos errores. Si se arrepiente sinceramente, su deseo de seguir a Dios se volverá más fuerte e intenso. Sentirá el perdón y la paz de Dios en su vida, y la culpa y el pesar se harán de lado, lo cual le permitirá sentir la influencia del Espíritu con mayor abundancia. Cuando deje esta vida y esté plenamente arrepentido, estará más preparado para vivir con el Padre Celestial y Su Hijo. El Padre Celestial quiere que usted sea feliz y sabe que el pecado le causa desdicha tanto a usted como a sus seres queridos, porque “la maldad nunca fue felicidad” ( Alma 41:10).