Bautismo
La fe en Jesucristo y el arrepentimiento lo preparan para el bautismo y la recepción del don del Espíritu Santo. Jesucristo enseñó mediante Su ejemplo que todos deben recibir el bautismo de agua y del Espíritu (es decir, del Espíritu Santo) para la remisión, o perdón, de los pecados. Por medio del bautismo efectuado por alguien que posea la autoridad del sacerdocio y la recepción del Espíritu Santo, usted nacerá de nuevo espiritualmente.
Cuando usted es bautizado por alguien que tiene la autoridad del sacerdocio otorgado por Dios, tras haberse arrepentido, obtiene la remisión de los pecados (
Hechos 2:38). Usted hace un convenio (es decir, una promesa) con Dios de aceptar a Jesucristo como su Salvador, de seguirlo y de obedecer Sus mandamientos. A cambio, Él promete perdonarle los pecados y permitirle regresar a vivir con Él, siempre y cuando guarde los mandamientos. Se le sumerge brevemente en el agua, así como Jesucristo fue bautizado. El bautismo por inmersión es un símbolo sagrado de la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo, y representa el fin de su vida pasada y el inicio de una vida nueva como discípulo de Jesucristo.
Debemos recibir el bautismo para convertirnos en miembros de la Iglesia restaurada—La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días—y para entrar en el reino de los cielos en su debido momento. Esta ordenanza es una ley de Dios y debe efectuarse por medio de Su autoridad. Un obispo o un presidente de misión debe dar autorizacion a un poseedor del sacerdocio para que efectúe un bautismo o confiera el Espíritu Santo.
Los niños pequeñitos no tienen necesidad de bautizarse hasta llegar a la edad de responsabilidad de ocho años, porque son redimidos mediante la misericordia de Jesucristo (
Moroni 8:4–24;
Doctrina y Convenios 68:27)
.