Don del Espíritu Santo
Todos experimentamos
tiempos de soledad, miedo y pesar, momentos en los que
necesitamos consuelo. Jesucristo prometió lo siguiente: “No
os dejaré huérfanos” (
Todas las personas buenas pueden sentir la influencia del Espíritu Santo, pero sólo quienes se bauticen y reciban el don del Espíritu Santo por medio de la autoridad del sacerdocio tienen derecho a Su compañía constante a lo largo de la vida. Mientras que el bautismo lo lava a usted de sus pecados, el Espíritu Santo lo limpia, santifica o purifica. Si se mantiene fiel a sus convenios bautismales, podrá tener el Espíritu Santo siempre a su lado a fin de ayudarle a reconocer y entender la verdad, brindarle fortaleza e inspiración espiritual, consolarle en los momentos difíciles y guiarle al tomar decisiones. La posibilidad de disfrutar de este don divino depende de su obediencia a los mandamientos de Dios, porque el Espíritu Santo no puede permanecer junto a los que no vivan conforme a las enseñanzas de Dios.
La misión especial del
Espíritu Santo es testificar del Padre y del Hijo, revelar
la verdad, darle consuelo a usted y santificarlo. Es un guía, maestro y
testigo divino que da testimonio de toda la verdad.
Jesucristo dijo que el Espíritu Santo le “guiará a toda la
verdad” (
Al Espíritu Santo también se le llama el Consolador, ya que da sentimientos de calidez, seguridad y paz y puede llenarle el alma de gozo. El Espíritu Santo a menudo habla con una voz que se siente y que se describe como una voz suave y apacible que puede iluminarle la mente e indicarle en el corazón lo que es correcto.
Jesús enseñó que al bautismo de agua le debe seguir el bautismo del Espíritu, o si no quedaría incompleto. Sólo cuando reciba el bautismo y el don del Espíritu Santo podrá recibir la remisión de los pecados y nacer de nuevo espiritualmente de forma completa. Entonces inicia una vida espiritual nueva como discípulo de Cristo. El don del Espíritu Santo lo confiere una persona que tiene la autoridad del sacerdocio de Dios. Se le confiere después del bautismo por medio de una ordenanza llamada confirmación, en la que uno o más poseedores autorizados del sacerdocio ponen las manos sobre la cabeza de usted y le confirman miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y lo bendicen para que reciba el Espíritu Santo.
El don del Espíritu Santo es uno de los dones más preciados del Padre Celestial. El Espíritu Santo puede tener un efecto santificador y purificador en usted, y le brindará paz de conciencia y seguridad de que sus pecados le son perdonados cuando se arrepiente verdaderamente. Por medio del poder del Espíritu Santo usted puede sentir el amor y la guía de Dios.
