Evangelio de Jesucristo

El evangelio de Jesucristo es el plan del Padre Celestial para lograr la felicidad y salvación de Sus hijos, y éste se centra en la expiación de Jesucristo.  El Padre Celestial mandó a Su Hijo Jesucristo al mundo para mostrarnos cómo vivir una vida plena y feliz y obtener dicha eterna después de esta vida. Mediante la gracia y la misericordia de Jesucristo, usted puede ser limpio del pecado y disfrutar paz de consciencia.  A fin de ser digno de vivir en la presencia del Padre Celestial después de esta vida y de recibir paz y fortaleza, debe aprender y seguir los principios y las ordenanzas del Evangelio.  Los primeros principios del Evangelio son fe en Jesucristo y arrepentimiento.  Las primeras ordenanzas del Evangelio son el bautismo y la recepción del don del Espíritu Santo.  Después de aprender y seguir los primeros principios y ordenanzas del Evangelio, debe procurar seguir el ejemplo de Jesucristo por el resto de su vida.  Esa fidelidad continua se llama “perseverar hasta el fin”.

Dios mandó a Su Hijo Amado Jesucristo al mundo para que todos Sus hijos tengan la oportunidad de regresar a vivir en Su presencia después de morir.  Sólo por medio de la gracia y la misericordia del Salvador usted puede ser limpio del pecado para morar en la presencia del Padre Celestial ( 1 Nefi 10:20–21; 3 Nefi 27:19; Moisés 6:57). 

Debido a la expiación y resurrección de Cristo, todas las personas serán llevadas de regreso a la presencia del Señor para ser juzgadas según sus obras y deseos y conforme a las leyes de la justicia y la misericordia.  Al tomar nuestro lugar y sufrir el castigo por todos los pecados, el Salvador cumplió con las demandas de la justicia a favor de quienes se arrepientan de sus pecados y se empeñen en guardar todos Sus mandamientos.  Por causa del acto desinteresado de la Expiación, Cristo puede abogar ante el Padre a favor de usted.  Entonces, el Padre Celestial puede aplicar la misericordia, retirar las consecuencias eternas del pecado y aceptarlo en Su presencia.   No obstante, Jesús no eliminó la responsabilidad personal de usted. Por tanto, debe demostrar que acepta a Cristo y que tiene fe en Él al guardar Sus mandamientos y obedecer los primeros principios y ordenanzas del Evangelio.