Jesucristo estableció Su Iglesia

Pocos siglos antes del nacimiento de Jesucristo, la gente había caído en apostasía. Cuando el Salvador comenzó Su ministerio terrenal, restauró Su Evangelio y estableció Su Iglesia de nuevo en la tierra. Edificó Su Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Él mismo la principal piedra del ángulo (Efesios 2:20).

Jesucristo llamó a doce hombres para que fueran Sus Apóstoles—entre los que estaban Pedro, Santiago y Juan—y les impuso las manos para conferirles la autoridad del sacerdocio ( Mateo 10:1; Juan 15:16; Mateo 28:19--20). Antes de la muerte del Salvador y de Su Resurrección, Él dio a Sus Apóstoles la autoridad del sacerdocio para enseñar Su Evangelio, efectuar las ordenanzas de salvación y continuar estableciendo Su Iglesia por todo el mundo.

La venida del Salvador cumplió las profecías. Fue un ejemplo de piedad y mostró a los hombres cómo es nuestro Padre Celestial. Sin embargo, fue rechazado por los hombres y crucificado. Él llevó a cabo la Expiación, al sufrir por los pecados de todos los hombres. Después de Su Resurrección, Jesucristo guió a Sus Apóstoles mediante la revelación, haciendo de la Iglesia de Jesucristo una iglesia dirigida por Dios y no por los hombres ( Hechos 10; Apocalipsis 1:1).

Además de los Doce Apóstoles, Jesucristo escogió a otros líderes para ayudar a los apóstoles en la obra de Su Iglesia. Entre ellos, se encontraban los:

A estos oficiales se les dio la autoridad necesaria (o sacerdocio) para llevar a cabo la obra de la Iglesia de Cristo. Ellos llevaban a cabo la obra misional, realizaban ordenanzas como el bautismo, presidían congregaciones, e instruían e inspiraban a los miembros de la Iglesia. Mientras las personas que tenían el sacerdocio estuvieron vivas, la Iglesia creció y prosperó.

Cuando Sus seguidores le preguntaron a Jesucristo qué tipo de personas Él deseaba que fueran, Su respuesta fue sencilla: “Aun como yo soy” ( 3 Nefi 27:27).

Jesucristo le ha mostrado a usted a través de Su ejemplo y enseñanzas cómo debe vivir para poder volver a su Padre Celestial. Aunque cometa errores, conforme usted se arrepienta de ellos sinceramente e intente seguir el ejemplo de Jesucristo, su vida se llenará de paz y gozo interior, sean cual sean las circunstancias a su alrededor.

Desde el principio, Dios ha llamado testigos especiales conocidos como profetas, y les ha mandado llevar registros de Sus tratos con Sus hijos. Tanto la Santa Biblia como El Libro de Mormón son registros de ese tipo. La Santa Biblia contiene un registro de los tratos de Jesucristo y de Su ministerio con el pueblo de la Tierra Santa. El Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo es un registro de los tratos de Jesucristo con el pueblo de la antigua América y de Su aparición a ellos. Ambos libros enseñan sobre nuestro Padre Celestial y Su Hijo, Jesucristo, y sobre Su amor por nosotros.