La restauración del Evangelio
En 1820, tal como había
hecho otras veces a lo largo de la historia, nuestro Padre
Celestial eligió de nuevo un profeta para restaurar el Evangelio y el sacerdocio en la tierra.
Llamó a un joven de nombre José Smith y, a través de él, la
plenitud del evangelio de Jesucristo fue restaurada a la
tierra.
José Smith vivía en
los Estados Unidos que era, quizás, el único país que
disfrutaba de libertad religiosa en aquel momento. Era un
tiempo de gran agitación en cuanto a la religión en el este
de los Estados Unidos; y los miembros de la familia de José
Smith eran muy religiosos y buscaban constantemente la
verdad. La Santa
Biblia enseñaba que había “un Señor, una fe, un
bautismo” (
Efesios
4:5), pero muchos ministros religiosos afirmaban
tener el evangelio verdadero. José asistió a distintas
iglesias, pero estaba confundido sobre a cuál de ellas debía
unirse y deseaba saber “cual de todas las sectas era la
verdadera” (
José Smith -
Historia 1:18). Más tarde escribió:
“Eran tan grandes la
confusión y la contención entre las diferentes
denominaciones, que era imposible que una persona tan joven
como yo...llegase a una determinación precisa sobre quién
tenía razón y quién no. En medio de esta guerra de palabras
y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué
se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o
están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál
es, y cómo podré saberlo?” (
José Smith—Historia 1:8, 10).
Mientras José buscaba
la verdad entre las distintas religiones, se volvió a la
Biblia para procurar guía. Allí leyó: “Y si alguno de
vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da
a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”
(
Santiago 1:5).
A causa de este versículo, José decidió preguntarle a Dios
lo que debía hacer. En la primavera de 1820 fue a una
arboleda cercana y se arrodilló en oración. Describió su
experiencia de este modo: “Vi una columna de luz, más
brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y
esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí...
Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos
Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción.
“Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo,
señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!”.
(
José Smith—Historia
1:16–17). En esta visión, Dios el Padre y Su
Hijo, Jesucristo, se aparecieron a José Smith. El Salvador
le dijo a José que no debía unirse a ninguna de las
iglesias, porque “todas estaban en error”. Jesucristo
declaró: “con sus labios me honran, pero su corazón lejos
está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los
hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la
eficacia de ella” (
José
Smith-Historia 1:19).
Aunque muchas buenas
personas creían en Cristo e intentaban entender y enseñar Su
Evangelio, no tenían la plenitud de la verdad o la
autoridad del sacerdocio
para bautizar o realizar otras ordenanzas salvadoras en aquella
época. Habían heredado un estado de apostasía, conforme cada generación
era influenciada por el legado de la anterior, que incluía
cambios en las doctrinas y ordenanzas, como por ejemplo la
del bautismo.
La Primera Visión de José Smith
marcó el comienzo de la restauración de la Iglesia de
Jesucristo en la tierra. En los años posteriores, Cristo
restauró Su sacerdocio y reorganizó Su Iglesia. Él ha
continuado revelando la verdad a Sus profetas y restaurando
las bendiciones que fueron quitadas de la tierra durante un
tiempo.
El Apóstol Pedro
profetizó acerca de la “restauración de todas las cosas”
antes de la Segunda Venida de Jesucristo (
Hechos 3:19--21). La restauración
de la Iglesia de Cristo sobre la tierra ha hecho posible que
todos tengan la oportunidad otra vez de recibir todas las
bendiciones del evangelio de Jesucristo.