Orar a menudo

Hay tantas voces diciéndole lo que debe hacer y cómo debe pensar que es fácil estar confundido. Puede recibir consuelo al saber que su Padre Celestial le ama y no lo ha dejado solo. Al dirigirse a Dios en oración, puede encontrar respuestas a sus preguntas y significado a las experiencias de su vida, sin importar lo difíciles que parezcan.

Puede orar en cualquier momento y en cualquier lugar. El Señor ha enseñado que debe arrodillarse y orar por la mañana y por la noche, tanto a solas como en familia. Su Padre Celestial escucha y contesta sus oraciones de la manera que sea más conveniente para usted. Al orar diariamente con fe, sinceridad y verdadera intención, verá la influencia de Dios en su vida al recibir guía divina y bendiciones. Él puede avisarle del peligro o fortalecerle para resistir la tentación. Él perdona sus pecados cuando se arrepiente y le permitirá sentirse cerca de Él.

Mientras estuvo en la tierra Jesucristo enseñó a Sus discípulos cómo orar. La oración debe ir dirigida a nuestro Padre Celestial y terminar con la frase “En el nombre de Jesucristo. Amén”. Cuando ore, hable con franqueza y abiertamente con su amoroso Padre Celestial. Puede expresar gratitud y dar gracias por sus bendiciones, reconociendo su amor por Él y rogándole ayuda, protección y dirección de acuerdo con sus necesidades. La oración no es algo complicado. Puede orar en cualquier momento, en cualquier lugar—en voz alta o en silencio— teniendo una confianza perfecta en que Dios lo oirá (2 Nefi 32:8--9; Doctrina y Convenios 6:22--23; Doctrina y Convenios 19:28; Enós 1:1--12; Doctrina y Convenios 8:2--3; 1 Reyes 19:11--12; Alma 34:17--28; Doctrina y Convenios 9:7--9; Guía para el Estudio de las Escrituras, “Oración”; Moroni 10:3--5).

Dado que Dios a menudo responde las oraciones por medio del Espíritu Santo, es importante que aprenda a reconocer los sentimientos y pensamientos inspirados que usted recibe al orar. Usted puede reconocer cuando el Espíritu Santo le está enseñando la verdad, al aprender a reconocer la voz dulce y apacible del Espíritu. Cuando su mente se llena de pensamientos inspiradores y edificantes, y es iluminada o se le da con un conocimiento nuevo, se trata del Espíritu Santo que le testifica de la verdad.

Dios no siempre responde de inmediato y en ocasiones la respuesta puede ser “espera un poco más”. En otros momentos la respuesta a su oración puede ser “no” ya que lo que ha pedido no es lo mejor para usted. En esos momentos no recibirá un sentimiento cálido y de paz; pero quizás sienta duda, confusión o un estupor de pensamiento. Recuerde que su visión es limitada, pero la de Dios no lo es. Dios es el poseedor absoluto de la verdad y no permitirá que se descarríe. Él le ama y está ansioso por ayudarle a medida que se vuelva a Él en fiel oración. A veces las respuestas vienen por medio de Su espíritu—el cual le da a usted sentimientos, pensamientos e ideas— o Él quizás responda a sus oraciones a través de otras personas o de las Escrituras. Sus oraciones siempre serán contestadas en el momento y de la manera que el Padre Celestial sabe que será de más ayuda para usted.

Dios espera que usted haga su parte para recibir respuesta a sus oraciones. Busque soluciones y presente sus decisiones ante el Señor. La obediencia a Sus mandamientos influirá en su capacidad para recibir respuestas a las oraciones. Con frecuencia Dios le concede la capacidad de ayudar a que usted mismo se responda sus propias oraciones. Cuando ore pidiendo ayuda, debe hacer todo lo posible para llevar a cabo sus más rectos deseos.

Una oración sencilla debe constar de cuatro pasos básicos:

  • Dirigirse a Dios como “Padre Celestial” o “Padre que moras en los cielos”.
  • Darle las gracias por las cosas que usted esté agradecido
  • Pedirle lo que necesite.
  • Jesús es el Mediador ( 1 Juan 2:1; 1 Timoteo 2:5) entre nosotros y el Padre Celestial, de modo que debe terminar su oración diciendo: “En el nombre de Jesucristo. Amén”.