Seguir al Profeta

La verdad es tener un conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser. Éstas no cambian con el tiempo ni con las circunstancias. Es decir, es la misma en toda época y cultura. Dios es la fuente de toda verdad y desea que Sus hijos la conozcan; por este motivo Él revela la verdad necesaria para la salvación por conducto de los profetas y apóstoles. Él puede revelarle la verdad de manera personal por medio de las Escrituras y de la revelación personal.

La Iglesia de Cristo siempre ha estado edificada sobre el fundamento de apóstoles y profetas que dirigen la Iglesia por revelación. El Señor llamó a José Smith como primer profeta y para encabezar esta última dispensación.  Sus sucesores que dirigen La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la actualidad, también son profetas y apóstoles. El Presidente de la Iglesia actual es un profeta viviente.

Un profeta es un hombre recto, de gran fe, que ha sido llamado y escogido por Dios. El Señor le revela la verdad a través del Espíritu Santo y manda a Su profeta que enseñe la verdad a todas las personas. Las personas que creen en las palabras de Dios, como ha sido revelada por medio de Su profeta, son bendecidas.

Se le pide que tenga fe en el profeta escogido por Dios, que obtenga una convicción de su divino llamamiento y que siga sus enseñanzas. Debe prepararse para que cuando hablen los profetas y apóstoles, el Espíritu Santo le confirme las verdades que enseñen y entonces pueda tomar la determinación de obedecer el consejo que le han dado.

Con frecuencia tenemos oportunidades de sostener públicamente a los líderes de la Iglesia. Aquellos que escuchan y siguen el consejo de los profetas y apóstoles vivientes no se descarriarán.

Las enseñanzas de los profetas vivientes proporcionan un ancla de verdad eterna en un mundo de valores cambiantes y le ayudarán a evitar el sufrimiento y el pesar. La confusión y los conflictos del mundo no podrán abrumarle si usted sigue a los profetas y puede disfrutar de la certeza de estar en armonía con la voluntad de Dios.