Vivir la ley de castidad
El poder de la procreación es una parte bella y sagrada del plan de Dios para Sus hijos. Es una expresión de amor dentro del matrimonio y permite que el esposo y la esposa participen en la creación de la vida. Dios ha mandado que el sagrado poder y el privilegio de las relaciones sexuales se ejerza únicamente entre un hombre y una mujer que estén legalmente casados. La observancia a este mandamiento, denominado la ley de castidad, nos brinda paz, respeto por uno mismo y fortaleza que procede del autodominio.
Dios se deleita en la
castidad y aborrece el pecado sexual. La castidad incluye la
estricta abstinencia de tener relaciones sexuales antes del
matrimonio y la completa fidelidad y lealtad al cónyuge
después de contraer matrimonio. Los hijos tienen el derecho
de nacer dentro de los lazos del matrimonio, y de ser
criados por un padre y una madre que honran sus promesas
matrimoniales. A medida que obedezca la ley de castidad,
gozará más plenamente de la influencia del Espíritu Santo en su
vida. Quienes quebranten esta ley están sujetos a un
sentimiento perdurable de vergüenza y culpabilidad que será
una carga en su vida, sin embargo, mediante el sincero
arrepentimiento
y gracias a la Expiación pueden hallar perdón, el
cual le traerá paz de conciencia y una plenitud de gozo
(
La castidad requiere
fidelidad en pensamiento y obra. Usted debe mantener sus
pensamientos puros y ser modesto en su forma de vestir, en
palabras y obras (
No debe participar en abortos ni en relaciones homosexuales ni lesbianas. Los hombres y las mujeres que viven juntos o cohabitan, sin estar casados no se pueden bautizar sin antes casarse o separarse. Aquellos que estén casados con más de una persona al mismo tiempo no pueden bautizarse.
Dios desea que usted
siga Su plan de reservar la intimidad para el matrimonio a
fin de ayudarle a usted y a su familia a encontrar la
felicidad, profundizar en el amor matrimonial y proteger a
su familia (Véase “
