Vivir la ley de castidad

El poder de la procreación es una parte bella y sagrada del plan de Dios para Sus hijos. Es una expresión de amor dentro del matrimonio y permite que el esposo y la esposa participen en la creación de la vida. Dios ha mandado que el sagrado poder y el privilegio de las relaciones sexuales se ejerza únicamente entre un hombre y una mujer que estén legalmente casados.  La observancia a este mandamiento, denominado la ley de castidad, nos brinda paz, respeto por uno mismo y fortaleza que procede del autodominio. 

Dios se deleita en la castidad y aborrece el pecado sexual. La castidad incluye la estricta abstinencia de tener relaciones sexuales antes del matrimonio y la completa fidelidad y lealtad al cónyuge después de contraer matrimonio. Los hijos tienen el derecho de nacer dentro de los lazos del matrimonio, y de ser criados por un padre y una madre que honran sus promesas matrimoniales. A medida que obedezca la ley de castidad, gozará más plenamente de la influencia del Espíritu Santo en su vida. Quienes quebranten esta ley están sujetos a un sentimiento perdurable de vergüenza y culpabilidad que será una carga en su vida, sin embargo, mediante el sincero arrepentimiento y gracias a la Expiación pueden hallar perdón, el cual le traerá paz de conciencia y una plenitud de gozo (Mosíah 4:3).

La castidad requiere fidelidad en pensamiento y obra. Usted debe mantener sus pensamientos puros y ser modesto en su forma de vestir, en palabras y obras ( Mateo 5:27--28) . Debe evitar la pornografía en cualquiera de sus formas y tratar el divino poder procreador que Dios le ha dado y su cuerpo como dones sagrados. 

No debe participar en abortos ni en relaciones homosexuales ni lesbianas. Los hombres y las mujeres que viven juntos o cohabitan, sin estar casados no se pueden bautizar sin antes casarse o separarse. Aquellos que estén casados con más de una persona al mismo tiempo no pueden bautizarse.

Dios desea que usted siga Su plan de reservar la intimidad para el matrimonio a fin de ayudarle a usted y a su familia a encontrar la felicidad, profundizar en el amor matrimonial y proteger a su familia (Véase “ La familia: Una proclamación para el mundo ”) .