Servicio en la Iglesia
Una de las grandes
bendiciones que conlleva ser miembros de la Iglesia es la
oportunidad de prestar servicio, ya que al servir a nuestros
semejantes estamos sirviendo a Dios. En el bautismo, los miembros de
la Iglesia conciertan un convenio de prestar servicio y
preocuparse por las necesidades físicas y espirituales de
los demás (
Poco después del bautismo, los líderes del sacerdocio conceden a los nuevos miembros la bendición de desempeñar una responsabilidad para ayudar en la Iglesia, denominada llamamiento. Toda labor que se desempeña en la Iglesia es voluntaria y a nadie se le paga por su servicio. Una vez que un miembro acepta un llamamiento, se lesostiene públicamente en una reunión de la Iglesia, lo cual permite que los demás miembros sepan el llamamiento que ha recibido y le apoyen. Después, un líder del sacerdocio pone las manos sobre la cabeza de la persona, la aparta para la obra y le da una bendición especial para que pueda cumplir con su llamamiento.
La Iglesia necesita el talento y las aptitudes de todos los miembros para cubrir un amplio abanico de llamamientos, cada uno de los cuales son importantes para edificar el reino de Dios. Se espera de los miembros que acepten los llamamientos y trabajen diligentemente para aprender y cumplir con sus deberes. Al hacerlo, aumentarán su fe, cultivarán nuevos talentos, incrementarán su capacidad de servir y recibirán muchas otras bendiciones.
Todo hombre que se une a la Iglesia y permanece digno es ordenado al sacerdocio. Los poseedores del sacerdocio pueden prestar servicio como maestros orientadores, una responsabilidad que consiste en visitar por lo menos una vez al mes el hogar de los miembros y familias que se les asigne, con el fin de enseñarles el Evangelio, apoyar a los padres, cultivar la amistad y ayudar a las familias a prepararse para recibir y respetar los convenios del templo. Las mujeres de la Sociedad de Socorro también llevan a cabo visitas similares a las mujeres adultas en calidad de maestras visitantes.
Los miembros se
esfuerzan por seguir las enseñanzas de un antiguo profeta,
el cual enseñó que cuando nos bautizamos, estamos
“dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para
que sean ligeras” y “dispuestos a llorar con los que lloran;
sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo” (
No existe ninguna
restricción étnica para unirse a La Iglesia de Jesucristo de
los Santos de los Últimos Días ni para recibir el
sacerdocio. Una declaración oficial de la Iglesia
establece: “Todo varón que sea fiel y digno miembro de la
Iglesia puede recibir el santo sacerdocio” (
Gordon B. Hinckley, el anterior Presidente de la Iglesia, confirmó este principio en sus declaraciones al National Press Club de la Ciudad de Washington: “Creemos en la antigua expresión que dice que con muchas manos se aligera el trabajo. Tenemos un sacerdocio laico y todo hombre digno puede recibir este sacerdocio”.
Desde los primeros días de la Iglesia, las mujeres han trabajado para llevar el evangelio restaurado de Jesucristo al mundo. Las mujeres siguen aportando mucho a la Iglesia en virtud de su fortaleza, valor y fe en Dios. Desempeñan puestos de liderazgo, participan en consejos de liderazgo y enseñan y ofrecen oraciones en los servicios de culto de las congregaciones. Las mujeres fieles también enseñan el Evangelio por todo el mundo y se esfuerzan por aliviar el sufrimiento a escala local y mundial.
Dirigen varias organizaciones mundiales de la Iglesia, entre ellas:
- La Sociedad de Socorro, que es la mayor organización de mujeres del mundo entero y cuenta con más de 4 millones de miembros en el mundo.
- La organización de las Mujeres Jóvenes, que presta servicio a las jóvenes de edades comprendidas entre doce y dieciocho años.
- La organización de la Primaria, que tiene por objeto enseñar a los niños de edades comprendidas entre dieciocho meses y doce años.
Estas organizaciones también funcionan a escala local, dirigidas por mujeres encargadas de supervisar a las maestras y a los miembros de los comités, así como de satisfacer las necesidades de los miembros de la Iglesia que están a su cargo.
Las mujeres supervisan
a las maestras y a los miembros de los comités, prestan
servicio como maestras, misioneras, bibliotecarias de la
capilla,
directoras de música, obreras del templo y directoras del
comité de actividades, entre otros cargos. Las
oportunidades de servir son prácticamente infinitas.
Trabajando juntos, los hombres y las mujeres de la Iglesia
responden verdaderamente al llamado del Salvador, que pidió
a Sus discípulos que apacentaran Sus ovejas (
